domingo, 11 de abril de 2010

Sapos

¡Pobres animales considerados bichos feos! Verrugosos y gruesos.
Útiles consumidores de babosas y otras plagas de nuestro jardín.
Inofensivos. Cuando son molestados, se levantan y se hinchan.
Las hembras son llamativamente más grandes que los machos que
en celo cabalgan sobre ellas hasta fecundar los huevos en el agua.

Frezan en largas tiras de huevos, protegidos de los hongos por una
bolsa alargada de 1-2 m de longitud. Renacuajos de color negro tan
numerosos que son festín de larvas de libélulas y otros predadores.

En Abril, una noche lluviosa y templada produce la salida masiva
de todos para reproducirse, hacia la misma charca año tras año.
Es la popularmente creída o llamada como lluvia de sapos.

De los ocho ibéricos, los dos especímenes más habituales son:

SAPO COMÚN:
El más grande (hasta 15 cm). Color variable pardo-verdoso con la
barriga blanquecina y manchas en su dorso. Inconfundible.
Capturado, se defiende segregando un líquido picante desagradable
por las glándulas que tiene junto a los oídos.

Su canto...ork..ork..ork...muy bajo y difícil de escuchar.
Nocturno. Vive escondido en las piedras o en guaridas excavadas.

SAPO CORREDOR:
Mitad de tamaño que el anterior (7-8 cm). Llamativas manchas rojas
a ambos lados de la cabeza y a veces raya dorsal blanquecina.
Prefiere suelos más arenosos y sueltos que el anterior.

Su canto llamativo y fuerte, chasquidos realizados en coro con otros
machos, es fácil de escuchar a larga distancia en una noche tranquila.



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